Marzo 19, 2008
Hace ya algunos años, que periódicamente en los informativos-magacines de Matías Prats y similares, avanzaban la posibilidad de que llegaran a nuestras vidas las máquinas de autoservicio para pagar en supermercados y comercios varios. Para mí se trataba simplemente del típico contenido “ligerito” de relleno para dar pie al chascarrillo de turno de Matías. Hasta que ayer le vi las orejas al lobo. Bueno, le vi las orejas y además me mordió.
Me acerqué a la Fnac en busca del ansiado “Reconstrucción” de Deluxe, que tenía todas las papeletas para convertirse en la banda sonora de mis inminentes vacaciones (las que empiezan hoy, vamos). Dado que alguien calculó mal la fecha de salida del disco (Xoel, la discográfica, la Fnac o los transportistas), me tuve con conformar con la compra de 2 guías de viaje.
Allá que voy tan despreocupado hacia la zona de cajas, cuando veo allí plantadas y desafiantes cuatro máquinas de autopago. ¿Pero que invento es éste….? Pues a por ellas que fui de cabeza.
Resulta que uno tiene que plantar sus compras en una bandejita, ir escaneando uno a uno los productos, meterlos en la bolsa (sin retirarla antes de timpo, que si no no vale) y pagar. Todo ello ante la atenta mirada de una señorita que, al más puro estilo Sr. Lobo de Pulp Fiction, se dedica a señalar con el dedito: Ahí, así no, toque ahí, la banda de la tarjeta hacia el otro lado… Y para pago con tarjeta, que era el caso, te da el recibito para que lo firmes y te comprueba la identidad. ¡¡¡Viva la automatización!!!
¿El resultado final? Pues aproximadamente el triple de tiempo para pagar que antes y sin que la Fnac se ahorre un solo sueldo. Que me lo expliquen, por favor…
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Publicado por laenredadera
Diciembre 18, 2007
Existe en este país una llamativa costumbre en lo que a política de vivienda se refiere. La costumbre nacional en sí (tengo que reconocer que ignoro si se encuentra extendida más allá de nuestras fronteras) es la de proponer como toda solución al evidente problema de precios el sorteo de unos cuantos pisos a un precio muy por debajo del de mercado. Curiosa solución para toda una generación con un dramático problema de poder adquisitivo derivado de la emancipación…
El acceso a una vivienda digna es un derecho constitucional para todo ciudadano español. En este país se propone modificar el nivel de competencias de una Comunidad Autónoma y poco menos que se monta una guerra civil, pero se incumple sistemáticamente un derecho fundamental como es el de la vivienda y aquí no pasa nada. Todavía estoy esperando la manifestación en Colón con las banderas de España en defensa de la Constitución por este motivo. Cinismo lo llamo yo…
Los derechos se conquistan, pero nunca se sortean. ¿A alguien se le ha ocurrido solucionar el problema del paro sorteando unos cuantos puestos de trabajo y olvidándose del resto? Pues por algo será.
Los sorteos son un método injusto por su propia naturaleza. Puestos a abordar el problema construyendo viviendas por parte de las administraciones públicas, lo justo sería utilizar un sistema de puntuación y premiar a aquellas personas o familias que dispongan de menos recursos. Aunque así fuera, estas soluciones me parecen un mero parche de cara a la galería que en muchos casos esconden intereses puramente electorales. Lo verdaderamente valiente sería hacer políticas de choque tales como limitar por ley las hipotecas a un máximo de 20 o 25 años, o gravar significativamente las viviendas desocupadas.
A ver si algún día vemos una rebelión cívica de las de verdad.
Por cierto: Soy un feliz adjudicatario de una vivienda de protección pública a entregar en 2010 gracias a un sorteo ¿Contradicción? En absoluto. La bolita en sí me ha cambiado la vida, pero en ningún caso mis ideas previas al respecto.
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Publicado por laenredadera