La cabra en el tejado

Marzo 17, 2008

Después de semana y pico de conversaciones sesudas en todos los círculos de mi entorno acerca de resultados electorales, bipartidismo, desplome de IU, continuidad de Rajoy, etc., lo más sensato para romper con esta espiral de trascendencia que me inunda por momentos, creo que es hablar de bares:

El fin de semana pasado, Noe y yo, en un alarde de intrepidez, decidimos salir a probar nuevas experiencias culinarias por los aledaños de nuestro barrio, y es que, por muy recomendables que sean “La inquilina“, “El Sur“, el “Bombay Palace” o el gallego de la Plaza de Lavapiés, hay que seguir buscando alternativas a la lamentablemente desaparecida “Taberna del Avapiés”.

¿Un salto al vacío? Sí, pero con red. O lo que se lo mismo, previa consulta al 11870.com. De esta manera, y ante numerosas recomendaciones, llegamos al peculiar “La cabra en el tejado” (Calle de Santa Ana 29, entre el metro La Latina y la Puerta de Toledo). ¿Una descripción del local? Después de 5 minutos allí, teníamos clara la palabra a utilizar: “Perroflauta”. Y que quede claro que este adjetivo que he interiorizado en mi vocabulario últimamente (no encuentro sinónimos), no lo considero en absoluto despectivo.

Por tratar de concretar un poco más: Se trata de un bar de los de toda la vida con unos pequeños retoques que le confieren un aire absolutamente kitsch. Una barra curtida por los años, los muebles reciclados y el wifi gratuito conforman una mezcla curiosa. “Local de ambiente berlinés” comenta alguien. Pues no sé…No recuerdo ninguno similar allí, pero prometo que lo buscaré en Kreuzberg en nuestra próxima escapada en mayo.

La carta buena, bonita y barata. Y como no, heterogénea. A juego con el local. Así, los crepes (dulces y salados), se mezclan con las clásicas tostas y los platos de origen árabe como el Hummus. Todo muy bueno y por cuatro duros. Concretamente unos 14 euros por un crepe de jamón (serrano, eh?) y queso, otro de pollo con champiñones, unas patatas con salsa de setas, tercio de mahou y coca-cola. Todo ello compartiendo local con un numeroso grupo de viejos rockeros, un enganchado al “World of Warcraft” aprovechando el wifi gratuito y un perro pasándote entre las piernas ¿Alguien da más?


La Pepita: Homenaje póstumo (o no)

Diciembre 5, 2007

Esta semana he leído en el ADN una de esa noticias que le hace plantarse a uno que el apocalipsis está muy cerca. Por menos de esto se iban en “Armaggedon” Bruce Willis y Ben Affleck de excursión suicida espacial mientras la Lyv Tyler lloraba por los rincones.

Bueno, que me voy del hilo. El asunto en sí es el previsible cierre de la mítica taberna Pepita (Corredera Baja de San Pablo, 20), en el corazón de Malasaña. ¿Que cuánto tiempo hace que no voy a la Pepita? Mmmmm… Probablemente unos 10 años. ¿Tenía intención de volver alguna vez en mi vida? Mmmmm… Seguramente no. O en todo caso, en plan excentricidad como último deseo antes de morir.

El caso es que esta noticia en lo que más me afecta (más bien en lo único), es en mis recuerdos de adolescencia. Y en la triste evidencia de que las nuevas generaciones (quiten connotaciones “populares”, por favor), no tendrán más remedio que prescindir de este peculiar local en sus salidas malasañeras. ¿Qué negocio pondrán tras la rehabilitación del edificio? Se admiten porras: ¿Un “100 Montaditos”? ¿un “Cañas y Tapas”? ¿un Doner Kebap?… Nos consuela que el local no parece el idóneo para un Bershka. Pero no nos confiemos, que así empezaron los del Madrid Rock.

Para el que no lo conozca, resumo la filosofía de la Pepita: Alitas de pollo refritas, patatas bravas y minis de calimocho. Ni el Adriá, oyes. Higiene la justa (todo el que ha estado alguna vez sabe que esto es un eufemismo) y decoración digna de tesis doctoral: Posters ochenteros y pintadas en las paredes rodeando mesas repletas en las que las sillas son cada una de su padre y de su madre. ¿recuperadas de contenedores? Pues seguramente…

Descubro con alegría que hay todo un movimiento en Internet defendiendo esta causa perdida que es salvar a la Pepita:

No al cierre.jpg

Desde La enredadera y con la fuerza que me da tener a todos mis lectores detrás (a Noe y al otro que creo que entró por error), me uno a esta lucha.

Salvemos la Pepita.