Hace un par de años un buen amigo que por entonces se encontraba trabajando en la América profunda, me recomendó encarecidamente no un libro, sino un escritor: Haruki Murakami. Me habló del prestigio creciente que este escritor tenía en Norteamérica, de alguna de sus conferencias en universidades, de su postulación desde ciertos círculos al Nobel de Literatura y, sobre todo, de sus universos surrealistas, mágicos y paranormales.

Por aquel entonces, el tal Murakami era un perfecto desconocido al menos para mí, así que me acerqué a una librería y me hice con el que podría ser considerado la oveja negra de su bibliografía: “Tokio Blues”. Me refiero a oveja negra no en términos peyorativos por su calidad literaria, sino por la excepcionalidad de su temática realista en la obra eminentemente fantástica de Murakami.
Este “Tokio Blues” es una novela muy curiosa, ya que presenta un Japón urbano alejado de la ritualidad habitual que acompaña la imagen de este país en occidente. De esta forma, sorprende la naturalidad con la que aborda temas que a priori podríamos considerar tabúes como el suicidio juvenil o las primeras experiencias sexuales. Lo peor del libro es sin duda la traducción del título (el original toma el “Norwegian Wood” del famoso tema de los Beatles). A veces tengo la sensación de que nos toman por idiotas.
“Tokio Blues” tiene mucho de autobiográfico, reflejando en todo momento la pasión de Murakami por la cultura occidental y, en especial, por la música. De hecho, trabajó al igual que el protagonista de la novela en una tienda de discos y fue propietario de un bar de jazz en Tokio.
Leo que a pesar de que esta novela supuso un fenómeno social en Japón a mediados de los 80, Murakami no es un escritor especialmente apreciado por la crítica nipona. Demasiado occidentalizado al parecer. De igual forma, parece que su origen y la temática de sus libros le cierran ciertas puertas en occidente. Poco cercano, supongo. Siempre he sentido simpatía por estos tipos que nadan entre dos aguas sin acabar de encontrar su lugar natural (o quizás precisamente porque ESE es su lugar natural). Se me viene a la cabeza (permitidme el apunte friki), el personaje de Tanis de la injustamente ninguneada (y no estoy de coña) ”Crónicas de la Dragonlance”. Semielfo, o lo que es lo mismo, mitad elfo mitad humano y despreciado por ello por ambas razas.
Después de terminar esta novela, devoré la apasionante “Sputnik, mi amor”, y actualmente me encuentro inmerso en la que es considerada su obra maestra “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo”. Espero que sea ésta la que me devuelva definitivamente mi lamentablemente aplazada devoción por la lectura.
Ah, se me olvidaba… Este escritor ha dejado de ser un desconocido y ya cuenta con un buen número de best sellers en España que inundan los estantes de novedades en cualquier librería que se precie.
Escrito por laenredadera 

