Sí se puede
Mucho se ha hablado estos días sobre el supuesto desliz cometido por Barak Obama al referirse a la población rural de Pensylvania como “amargados” que, ante el olvido de las diferentes administraciones, se aferran a las armas y a la religión con un poderoso sentimiento anti-inmigrante. Todo el problema radica en la expresión “bitter”, que a pesar de referirse a una amargura fácilmente comprensible, sacada de contexto da mucho juego.
Por supuesto, poco ha tardado el carroñero equipo de la Sra. Clinton en hacer sangre con esas palabras, llamando a Obama elitista mientras Hillary relataba orgullosa metiéndose un lingotazo de whisky, cómo su padre le enseñó a utilizar el rifle para cazar patos. Una auténtica oda a la América profunda por un puñado de votos.
La verdad es que no extraña nada la crítica viniendo de quien, a pesar de ser compañera de partido, no dudó en hacer pública una imagen de Obama vestido con turbante y la indumentaria típica somalí, con la que parecía poco menos que un terrorista árabe a punto de inmolarse.
Lo que sí sorprende es la utilización del término “elitista”. Esta descalificación se sustenta en algo que no les cuadra: Un líder negro que no viene del gueto. No es Luther King ni Malcom X. Obama es un senador que brilló durante toda su carrera académica llegando a graduarse con magna cum laude en la Universidad de Harvard.
Este argumento me recuerda al que se utilizó para descalificar al líder del EZLN, el subcomandante Marcos, cuando el gobierno mexicano destapó su identidad: Era un profesor universitario y no un indígena analfabeto. Curioso mundo éste en el que la preparación, la cultura y los conocimientos restan méritos a la lucha que cada uno libra…
Espero que, con independencia de los resultados en Pensylvania, Barak Obama sea el próximo presidente de los Estados Unidos. Sacar las tropas de Irak, cerrar Guantánamo y firmar el protocolo de Kyoto son algunas de sus promesas. Ojalá que pueda cumplirlas…



