Hace ya algunos años, que periódicamente en los informativos-magacines de Matías Prats y similares, avanzaban la posibilidad de que llegaran a nuestras vidas las máquinas de autoservicio para pagar en supermercados y comercios varios. Para mí se trataba simplemente del típico contenido “ligerito” de relleno para dar pie al chascarrillo de turno de Matías. Hasta que ayer le vi las orejas al lobo. Bueno, le vi las orejas y además me mordió.
Me acerqué a la Fnac en busca del ansiado “Reconstrucción” de Deluxe, que tenía todas las papeletas para convertirse en la banda sonora de mis inminentes vacaciones (las que empiezan hoy, vamos). Dado que alguien calculó mal la fecha de salida del disco (Xoel, la discográfica, la Fnac o los transportistas), me tuve con conformar con la compra de 2 guías de viaje.
Allá que voy tan despreocupado hacia la zona de cajas, cuando veo allí plantadas y desafiantes cuatro máquinas de autopago. ¿Pero que invento es éste….? Pues a por ellas que fui de cabeza.
Resulta que uno tiene que plantar sus compras en una bandejita, ir escaneando uno a uno los productos, meterlos en la bolsa (sin retirarla antes de timpo, que si no no vale) y pagar. Todo ello ante la atenta mirada de una señorita que, al más puro estilo Sr. Lobo de Pulp Fiction, se dedica a señalar con el dedito: Ahí, así no, toque ahí, la banda de la tarjeta hacia el otro lado… Y para pago con tarjeta, que era el caso, te da el recibito para que lo firmes y te comprueba la identidad. ¡¡¡Viva la automatización!!!
¿El resultado final? Pues aproximadamente el triple de tiempo para pagar que antes y sin que la Fnac se ahorre un solo sueldo. Que me lo expliquen, por favor…
Publicado por laenredadera




