EscribÃa yo el otro dÃa sobre cine español y subvenciones. Pues bien, leo hoy en El PaÃs un artÃculo de IcÃar BollaÃn sobre este mismo tema, solo que mucho mejor contado. Supongo que por eso ella es directora, guionista y actriz mientras yo me gano el pan en una Caja de Ahorros. Añado el enlace sin más:



Febrero 7, 2008 a las 7:09 pm
Connectats TV abre la convocatoria Connectats short films, un espacio dedicado a la difusión del cortometraje dentro del programa semanal
Connectats tv (que se emite en 30 canales de la XTVL. En Barcelona por Barcelona tv à Domingos 10:30).
Nuestro objetivo es dar visibilidad a jóvenes realizadores. Por eso cada semana emitiremos un corto presentado por sus creadores.
Requisitos
* Esta es una convocatoria abierta para realizadores(as) de cualquier nacionalidad menores de 30 años.
* Podrán participar con un número ilimitado de obras.
CategorÃas
- Documental
- Animación
- VÃdeo arte
- VÃdeo creación
- Ficción
- Se admitirán obras producidas después de enero del 2004.
- La duración no podrá exceder los 7 minutos.
- Se deberán insertar subtÃtulos si se incluyen contenidos en algún idioma diferente del catalán o castellano para garantizar el trabajo posterior del Comité de Selección y su posible emisión.
Febrero 9, 2008 a las 6:08 pm
Bueno, es que IcÃar es juez y parte. Muy brillante el artÃculo, pero defiende sus lentejas. Por cierto ¿a qué autor de best-sellers se refiere?
Febrero 11, 2008 a las 4:55 pm
Efectivamente, IcÃar defiende sus lentejas, pero para mà en este caso no le quita ni un ápice de razón.
El autor de best-sellers al que se refiere, mucho me temo que es el Sr. Pérez-Reverte. Pego a continuación un extracto de uno de sus artÃculos con el que no parece hacer muchos amigos dentro del cine español:
“Recuérdenme un dÃa de éstos que cuente con detalle cómo se hacen las pelÃculas en España, de dónde sale la pasta, y cómo es posible que pelÃculas infames, que ni llegan a estrenarse, hayan metido viruta en el bolsillo de algunos productores espabilados, de los que se hacen fotos en la toma de posesión de todos y cada uno de los titulares de Cultura, sean del Pepé o del Pesoe. Recuérdenme también que refiera algunas anécdotas sabrosas sobre las palabras beneficio industrial, sobre cómo se repartió en los últimos años la tarta de las televisiones, sobre los dos o tres listos que mataron la gallina de los huevos de oro, y sobre cómo algunos golfos apandadores, combinando la candidez de ministros y ministras que no tenÃan ni puta idea de cine con la complicidad amistosa o engrasada de algún crÃtico cantamañanas, presentaron como obras maestras bodrios infumables, haciendo desertar al público de las pantallas españolas. Recuérdenme, también, que refiera algunas bonitas historias sobre las palabras envidia y poca vergüenza en torno al rodaje de cualquier pelÃcula ambiciosa de alto presupuesto que apunte a la taquilla, invariablemente torpedeada por el habitual grupillo de tiburones de la industria, con el argumento de oiga, y qué hay de lo mÃo. O dicho de otro modo: si la pasta de las ayudas va a una sola pelÃcula importante, quién financiará las chorraditas infumables de las que yo vivo, y con las que trinco pasta antes de rodar un solo plano, con lo que luego me da igual estrenarlas o no.
Recuérdenme también, ya puesto a hacer amigos, que les cuente algo sobre la conmovedora solidaridad de la gente del cine, directores y actores incluidos. Que les detalle por qué, mientras que en Cannes, Toronto, Venecia o Hollywood los guiris acuden en masa a arropar no sólo sus pelÃculas, sino las de otros, a hacer bulto y dar glamour a algo que es negocio para todos, a los estrenos en España sólo van los actores de la pelÃcula y el director –y no siempre–, y resulta imposible un desfile de alfombra roja como los espectadores y el público esperan, de esos que tanto contribuyen a que el cine siga siendo fábrica de imaginación e ilusiones. En vez de los deslumbrantes vestidos y elegancia de mujeres bellas, hombres apuestos en smoking, caras conocidas que dan magia y prestigio a una pelÃcula y a la industria en general, animando al público y la taquilla, aquà sólo van a un estreno los cuatro gatos de la peli con algún familiar y amigo; vestidos, por supuesto, como viste el cine español para sus cosas: de trapillo cutre y tejanos rotos, porque una chaqueta o una corbata son prendas fascistas. El caso es que en España nadie va a ver la pelÃcula de otro, ni apoya con su presencia lo que, hoy por ti y mañana por mÃ, deberÃa ser esfuerzo común y mutuo beneficio. Ni siquiera para eso se ponen de acuerdo. Para comprobarlo, fÃjense en las pocas caras conocidas que acuden a cada estreno. Observen la fiesta de los Goya, o el festival de San Sebastián. Quiénes salen en las fotos y quiénes ni asoman por allÃ. En España, el glamour colectivo del cine murió hace tiempo. Aquà cada perro se lame su cipote, la mayor parte de actores y directores se ignora, desprecia u odia entre sà –eso, cuando no se desprecia, ignora y odia al mismo tiempo–, y lo único que importa a los productores es comprobar, el lunes siguiente a cada estreno, que su pelÃcula ha ido bien y que las de los otros se han pegado un cebollazo de muerte.
Industria, la llaman todavÃa. No te fastidia.”